Ubicado en el encantador pueblo de Ternat, en Bélgica, el Castillo de Kruikenburg, conocido localmente como Kruikenburg, es un testimonio de la rica historia y arquitectura que define esta región. A solo una corta distancia al oeste de Bruselas, este fascinante castillo de agua invita a los visitantes a explorar su pasado lleno de historias y admirar sus características arquitectónicas únicas.
Los orígenes del Castillo de Kruikenburg se remontan a principios del siglo XII. Inicialmente construido como una torre de vigilancia defensiva por los señores de Wezemaal, su posición estratégica cerca de la frontera del Condado de Flandes lo convirtió en una fortificación importante para el Ducado de Brabante. El intrigante nombre del castillo se deriva de las jarras de piedra, o kruiken, que una vez adornaron sus torres, rematadas con veletas que danzaban con el viento.
A lo largo de los siglos, el Castillo de Kruikenburg ha experimentado numerosas transformaciones. En el siglo XIV, se convirtió en la residencia del caballero Everaard t'Serclaes, una figura notable en la historia de Bruselas. Compró el señorío y transformó la fortaleza en un castillo residencial rodeado de agua. Durante su mandato, t'Serclaes añadió un sótano de hielo y un pasadizo secreto hacia la cercana Iglesia de Santa Gertrudis, que ahora sirve como bodega.
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La evolución arquitectónica del Castillo de Kruikenburg es un viaje a través del tiempo. Originalmente diseñado en forma de U con tres alas que rodean un patio, la estructura presenta torres redondas en sus esquinas, con la torre de entrada de forma cuadrada. Con los años, el castillo pasó de ser una fortaleza medieval a una residencia más refinada. Los siglos XVII y XVIII vieron importantes renovaciones, incluyendo la ampliación de ventanas y la renovación de las paredes exteriores, fusionando elementos románicos con estilos más modernos.
Una característica distintiva del Castillo de Kruikenburg es la jarra dorada que corona la torre sobre la puerta de entrada. Este símbolo resplandeciente rinde homenaje al nombre del castillo y a las leyendas que lo rodean. Cuentan historias de los habitantes de Ternat buscando refugio en el castillo, llevando jarras para sustentarse en tiempos inciertos. Otro relato sugiere que el nombre Kruikenburg podría originarse de kriek, refiriéndose a los huertos de cerezos que una vez rodearon la fortaleza.
Desde el siglo XVI hasta el XIX, la familia De Fourneau residió en el Castillo de Kruikenburg, aumentando aún más su esplendor. En 1662, la propiedad fue elevada a un condado bajo su tutela. Aunque los franceses abolieron el condado, el castillo perduró, continuando como testigo del paso del tiempo. A principios del siglo XX, la familia De Lichtervelde lo habitó, y hoy pertenece a los Hermanos de las Escuelas Cristianas, albergando parte de la escuela primaria De Brug.
El parque que rodea el castillo, ahora propiedad del municipio de Ternat, está abierto al público, ofreciendo un escape sereno hacia la naturaleza. Aunque el castillo, una vez rodeado de agua, ahora comparte sus terrenos con adiciones modernas, como edificios escolares, la esencia histórica permanece intacta. Los visitantes pueden pasear por el parque, imaginando los días en que el castillo estaba rodeado de agua, una formidable barrera contra los invasores.
La influencia del Castillo de Kruikenburg se extiende más allá de sus muros, dejando una marca indeleble en el pueblo de Ternat. La bandera municipal, que presenta un león plateado sobre un campo rojo, rinde homenaje al escudo de armas del Conde t'Serclaes. La fusión de Ternat, Sint-Katherina-Lombeek y Wambeek en 1976 revivió la entidad histórica del Condado de Ternat o Kruikenburg, preservando su legado para las generaciones futuras.
En conclusión, el Castillo de Kruikenburg es más que un monumento histórico; es una narrativa viva del pasado de la región. Sus muros resuenan con las historias de caballeros, familias nobles y el espíritu resiliente de las personas que buscaron refugio en su abrazo. Una visita al Castillo de Kruikenburg es un viaje a través del tiempo, ofreciendo un vistazo al patrimonio arquitectónico y cultural de Ternat, convirtiéndolo en un destino imprescindible tanto para los entusiastas de la historia como para los viajeros ocasionales.
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