Ubicado en la encantadora ciudad de Kitzingen, en Baviera, Alemania, el Stadtmuseum Kitzingen, conocido localmente como el Städtisches Museum Kitzingen, fue un faro de herencia cultural y comprensión histórica. Aunque cerró sus puertas en 2018, el legado del museo sigue resonando entre aquellos que apreciaron sus ricas colecciones y su pasado lleno de historias.
La historia del museo comenzó el 6 de abril de 1895, cuando el entonces alcalde, Ferdinand Sertorius, propuso la creación de un espacio dedicado para el museo. Su visión fue respaldada por el consejo municipal, lo que llevó al establecimiento de uno de los museos municipales más antiguos de Franconia. El museo se ubicó en un edificio construido por el reconocido arquitecto Balthasar Neumann, sumando un maravilla arquitectónica a su narrativa histórica.
Desde sus inicios, el museo fue un esfuerzo colaborativo, con los habitantes locales contribuyendo con artefactos como banderas, signos gremiales y pesas históricas. Estas donaciones, incluyendo contribuciones significativas del Barón Friedrich von Deuster, sentaron las bases para una colección que crecería hasta abarcar alrededor de 400 objetos para 1897.
A medida que la colección del museo crecía, también lo hacía su espacio físico. En 1935, bajo la dirección del Dr. Joseph Maria Ritz, el museo experimentó una transformación significativa. Las áreas de exhibición se ampliaron y se introdujo una configuración modernizada, mejorando la experiencia del visitante. Esta expansión marcó un nuevo capítulo en la historia del museo, permitiendo una exhibición más completa de los artefactos culturales e históricos de Kitzingen.
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En 1965, el museo encontró un nuevo hogar en el antiguo granero principesco de Brandeburgo, conocido como el Kastenhof. Este traslado fue liderado por Ernst Kemmeter, un maestro jubilado que desempeñó un papel fundamental en la curaduría de las exhibiciones del museo. El Kastenhof proporcionó un telón de fondo adecuado para la extensa colección del museo, que incluía desde artefactos prehistóricos hasta elementos de importancia histórica local.
El traslado del museo también llevó a una distinción más clara entre el museo y los archivos de la ciudad, permitiendo a cada uno enfocarse en sus respectivos roles en la preservación de la historia de Kitzingen.
Los primeros años del 2000 trajeron otra transformación para el Stadtmuseum Kitzingen. Bajo el liderazgo de Doris Badel y Stephanie Nomayo, el museo experimentó extensas renovaciones y una completa reimaginación de sus exhibiciones. Reabierto en 2007, el museo mostró sus tesoros en 650 metros cuadrados, presentando alrededor de 2,500 exhibiciones que abarcaban dos pisos.
El nivel inferior del museo se dedicó a la historia política, económica y social de Kitzingen, mientras que el nivel superior se centró en el fascinante mundo de la alquimia y las contribuciones de Johann Rudolph Glauber, un químico y boticario local. La histórica Farmacia del Castillo de Rüdenhausen proporcionó un impresionante telón de fondo para esta exhibición, con su colección de sustancias químicas del siglo XIX y artefactos farmacéuticos.
A pesar de sus ricas ofertas, el Stadtmuseum Kitzingen cerró en el otoño de 2018, con planes para un nuevo concepto que nunca se materializó. En junio de 2020, el Consejo de la Ciudad de Kitzingen tomó la difícil decisión de cerrar permanentemente el museo. Esta decisión fue recibida con críticas generalizadas, tanto a nivel local como más allá, ya que muchos lamentaron la pérdida de una querida institución cultural.
Aunque el museo ya no está abierto, su impacto en la comunidad y su papel en la preservación de la historia de Kitzingen son innegables. El Stadtmuseum Kitzingen fue más que un simple depósito de artefactos; fue un testimonio del rico pasado de la ciudad y una celebración de su herencia cultural.
Para aquellos que tuvieron la oportunidad de explorar sus salas, el museo ofrecía una ventana al pasado, mostrando la evolución de Kitzingen desde sus primeros días hasta el presente. Sus exhibiciones contaban la historia de una ciudad moldeada por eventos históricos, cambios económicos y el espíritu indomable de su gente.
Aunque el espacio físico ya no exista, los recuerdos del Stadtmuseum Kitzingen continúan viviendo en los corazones de aquellos que lo visitaron, asegurando que las historias que contaba no sean olvidadas.
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